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Cercar la llum en carrers estrets

La Meritxell al punt de partida de la visita, la Pça.Sant Iu

La Meritxell al punt de partida de la visita, la Pça.Sant Iu

 

Call/call/Callum/Carrer estret. La prohibició pels jueus d’ocupar un carrer principal, una avinguda, un espai obert. Reductes tancats, senyals de diferència (el Rei Jaume I ja els marcava amb la rodella). Ja deia Isaac Bashevis Singer que “els ritus són la manera de conservar una tradició que et lligui als teus ancestres, encara que executats amb profund ateisme”. Com la pedra  col·locada a les tombes que recorda aquelles altres en l’eterna travessa al desert, l’ intent de retenir la sorra per no deixar el cos en descobert. La lluita contra la natura. La hostilitat antinatural. Amb una identitat pròpia supervivent a saquejos, diàspores i èxodes. Potser han conreat en la ment, la paraula i l’esperit el que físicament no se’ls va permetre arrelar. Dels vestigis que van quedar en la nostra ciutat ens va parlar la Meritxell Carreres. Una visita de gairebé dues hores amenes que combinen l’arquitectura , la gastronomia, els usos i costums, les curiositats… en fi, un dibuix acurat ben viu del que va ser la vida dels jueus al Call de Barcelona. Un recordatori de que segregant es perd més que no es guanya. De que aixecant una pedra deixes en descobert la teva pròpia arrel, que cap èxode pot esborrar. Altament revelador. Si voleu participar en aquesta o altres visites igual d’interessants, contacteu-la al https://www.facebook.com/adaptambcn.

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Home Gallery: cuando tu casa se convierte en el soporte de tu talento

De nuevo, tenéis la oportunidad de disfrutarlo, la calidad la misma, la ubicación ya no. Montojo abre sus puertas dos veces al año, si te interesa, visita http://www.behance.net/gallery/CITY-SERIES-20-HOME-GALLERY-2-EDITION-2011/6880931. No deja indiferente

Es jueves por la noche, degusto un mojito de fresa y una fotografía. No estoy en ningún museo, ni galería. Me encuentro en el domicilio del fotógrafo Xavi Montojo , promotor de la iniciativa Home Gallery quien la define como “una idea, un evento, una reinvención de la visita al taller del artista para descubrir y entender su arte y nace con la intención de dar a conocer los nuevos proyectos fotográficos como último paso del proceso de creación”.

El artista de Girona nos recibió a nosotros y a nuestras opiniones con humor y calidez. Se crearon grupos de debate, aunque es curioso cómo a la que cuelgan una foto de una pared, adoptamos la pose de “miro este cuadro”, mentón sobre la mano y entrecejo fruncido sobre mirada escrutadora tipo “descubriré lo que escondes”. ¿Es la pose –en todas sus acepciones- lo que da estatus de museo la a Gallery o este tipo de eventos?

Creo que lo que se requiere en estos caso es, básicamente, una coleccción de calidad y Montojo no decepciona. Técnicamente impecable, lúdico –fue divertido intentar encontrar los edificios correspondientes a cada una de las propuestas- y accessible.

Mención aparte merecen los textos distribuidos en cada una de las salas: aportaban información a una foto que contaba por ella misma, como una buena reseña de cine: “guíame pero sin contarme el final, deja que lo averigüe yo mismo”.

Al principio me impactó ver algunas fachadas de edificios queridos por mí irreconocibles, pero no dejaba de ser curioso cómo al deformarlos los elementos distintivos de cada uno resaltaban aún más (el ladrillo visto, el metal, los cristales…). Me los devolvían esenciales y desnudos bajo esta nueva mirada.


Intimidad instantánea

Instantánea. Instante. Momento condensado. Acciones íntimas expuestas a miradas anónimas: Los traseros en los reclinatorios del ejército de Salvación; el salto prohibido de los adolescentes al agua que bien pudieran haber inmortalizado Doisneau o Lartigue, juegos a pesar de la guerra; ternura en un desfile nazi, como si ni siquiera en esos momentos desertara del todo; el erotismo de los niños balineses que nos violentan – invadimos su paraíso y nos muestran sus gráciles cuerpos, orgullosos de su sensualidad (el pudor es un problema que dejan para el que mira)-. Exhuberancia en los paisajes, miradas en color atrapadas en fotogramas en blanco y negro,  rostros nítidos y modernos, perfiles rotundos, delimitados por la luz, que se explican por sí mismos. Ningún efecto, los matices los aporta la expresividad de los propios modelos. En la belleza de los rostros adolescentes e infantiles se trasluce una admiración hacia los retratados, una disculpa por revelárnoslos tal vez en posturas inconvenientes.

La cámara acaricia el instante con temor a que la poesía se evapore. Niños sabios, antiguos, en los que sólo la frivolidad puede ver un cuerpo. Singapur, Java, Sumatra, Bali y Europa. Aquí cambia el registro. La desesperación se puede captar y la melancolía se desprende de los torsos cubiertos de hollín, coronados por la mirada vacía del que nada espera. Mujeres hundidas hasta las rodillas en un escorial agotando todas las posibilidades que los deshechos puedan ofrecer y adolescentes que ya lo han visto todo. Gotthard Schuh reconoce los anónimos mineros de Bélgica, como su coetánea Dorothea Lange lo haría en Estados Unidos, como los que pertenecieron a aquella estirpe de fotógrafos que supieron con su testimonio convertir en noticia lo importante, denunciar que la pobreza se había convertido en una anormal cotidianeidad, porque ¿desde cuando esa vida se puede considerar digna? Al mismo tiempo, les restituye su humanidad mostrando el imprevisto, lo que les delata en un momento. Retrata y se expone, nos cuenta de su añoranza del paraíso perdido, del desencanto, como un moderno Sthendal que buscase redimirse en la belleza. 113 Fotografías, noventa y tres de ellas de Gotthard Schuh, que datan de entre 1929 y 1956, y veinte fotografías adicionales de Robert Frank, Werner Bischof, Jakob Tuggener y René Groebli, presentándole junto a los fotógrafos suizos más importantes de su tiempo, todos ellos miembros del Kollegium Schweizer Photographen en los años cincuenta. Y Schuh delatándose en la intimidad de su mirada, como parte implicada en el retrato.

La muestra se pudo visitar hasta el 19 de febrero de 2012 en la Fundación Mapfre, que sigue apostando por propuestas originales y exquisitas.

http://www.exposicionesmapfrearte.com/schuh/


Enfrentando la historia

Me lo habían contado. Lo había leído. Memoricé los datos en incontables apuntes y libros de texto. La reconocí cuando me encontré frente a ella. Barcelona. Trágica. Sin afeites, mirándome a la cara, completa. Pude componerla después de recorrer en casi una hora y media el extenso archivo de Josep Brangulí, pionero del fotoperiodismo y autor de algunas de las mejores imágenes que reflejan las grandes transformaciones sociales, urbanas e industriales que vivió la ciudad entre 1909 y 1945. La muestra, primera exposición antológica, contiene más de 300 fotografías y material impreso original de la época y se podrá ver en el CCCB de Barcelona hasta el 23 de octubre.

 Alegría, miseria, frivolidad, resiliencia. Suceso. Alguien dispuso el ojo para mí. Atrapó un momento, como si hubiese retenido un pajarillo en la   mano cerrada que cosquillease y saliese volando. Y plasmase el impulso tal cual: las momias de las monjas expuestas a los transeúntes, el paseo de las modistillas, las formaciones de gimnastas, el descaro de los chicos que descargan un camión y quieren verse bien, las miradas de soslayo de aquél sorprendido trabajando, como si no tocase exponerse, como si su labor fuese algo privado. En una era digital en que es tan fácil introducirse en la vida de los demás, conocer su apariencia sin haber cruzado una palabra o una mirada, sorprende ese pudor masculino a que la cámara le fije. Tan analógicos, tan humanos. Brangulí retrata personas e historias latentes, qué ocurre tras una falsa inmovilidad. Es un narrador de silencios elocuentes… tras las costureras apretujadas en el salón de casa nos llega el runrún de la màquina de coser, imaginamos el siseo ensordecedor de los telares ahora quietos, la chiquillería que nos pasa de largo tras una pelota de trapo, (llantos de rodillas peladas y sol que se desliza entre las sábanas de calles estrechas e insalubres en las que alguien tose tras una ventana), los disparos encastados en las iglesias saqueadas de naves abiertas, destripadas por la violencia.

Reflexionaba Vicent que si le pones foto a su Tranvía a la Malvarrosa matas la imaginación. Brangulí juega con nosotros. Éstas fotos nos cuentan una historia sobre la historia. Honesta. Por supuesto que con punto de vista y bando. Pero le interesa más qué esconde cada momento que tener razón o demostrar. El dolor es dolor. Real. Sin retoque. Sin afectación. Sin opinión. Por eso te asalta. Me conmueve la inocencia del retratado, que desafía inseguro a un desconocido que le lee por dentro y no sabe cómo afrontar. Muchos de ellos, personajes anónimos, nunca fueron protagonistas siquiera de sus propias vidas y no sostuvieron nunca una cámara. Pero sabían mirar atravesando una lente. Por su humanidad. Brangulí fue testigo de ella. Ahora que sabemos, si se repite la historia nos toca asumir la responsabilidad.


Un viaje a ninguna parte: recorriendo la Trieste de Magris

            Un personaje que se aferra a una cuerda para no verse arrastrado por el viento. La Bora, fenómeno de la Naturaleza que sólo se da allí, agresiva sobre todo en marzo, doblega los cuerpos, pero no los espíritus. Comunidad multicultural, tolerante con los recién llegados, resistente a guerras, revoluciones, dura como las piedras porosas del Carso testigos de fusilamientos… Trieste es un lugar en ninguna parte, de tiempo indeterminado, donde la aurora se confunde con el atardecer. Patria de locos donde el psicoanálisis evolucionó como abanderado de  la humanización, el progreso y el arte. Donde se yergue un Caballo de Troya homenaje a todos aquellos que se reintegran en la sociedad como un regalo, una aportación, que hay que disfrazar a veces para que no nos agreda. El propio Magris sufrió una depresión tras la pérdida de su esposa. Se expone en un bellísimo film, Dietro il Buio,  realizado para la ocasión a partir de un monólogo suyo, Vd. Ya lo entenderá. Nos lo debía. De alguna manera se había escondido entre tantos autores ilustres que debemos a la región. Generoso como el Danubio, agridulce como el protagonista de La muestra, su relato más autobiográfico basado en Vito Timmel pintor discípulo de Klimt que acabó sus días en el sanatorio mental aunque nos regaló un diario en viñetas de su vida allí, tierno, lúcido y cruel,  como pueden ser los niños a menudo. Como remate, las cartas erótico-festivas de Joyce  –ilustre residente- a su esposa Nora. ¿Un guiño o casualidad? Una de las primeras exposiciones de este ciclo “La ciudad y sus escritores” me permitió recorrer el Dublín de Joyce. “La Praga de Kafka” reposa allí, en Praga. Y aún me divierte recordar la heterónima “Lisboa de Pessoa”. Una oportunidad de transitar por el imaginario de autores ligados a su origen (¿cuál no?) que convirtieron su ciudad en un personaje porque formaba parte de ellos mismos, en este caso, La Trieste de Magris, hasta el 17 de julio en el CCCB. Como ya subrayó él mismo: “Esta Trieste no es tanto un lugar como la hipótesis, la nostalgia, la profecía, la ficción de un lugar”.

 

Marco Cavallo

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